- Editorial: SALAMANDRA
- Año de edición: 2018
- Materia: Narrativa contemporánea
- ISBN: 978-84-9838-872-5
- Páginas: 304
- Encuadernación: Rústica
- Colección: Narrativa
- Idioma: Español
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Henry Marsh, nacido en Oxford en 1950, es un especialista en neurocirugía jubilado en 2015 después de haber ejercido la medicina durante más de tres décadas en el Atkinson Morley del St, Georges Hospital de Londres. En 2014 publicó Ante todo, no hagas daño (hay reseña en Troa), donde cuenta sus experiencias como médico en uno de los campos más complejos y menos conocidos de la medicina y que enseguida se convirtió en un besteller internacional. En 2017, y ya jubilado, publicó Confesiones, un libro en el que intenta hacer una reflexión sobre el ejercicio de la neurocirugía y sus implicaciones personales, así como sus experiencias en Nepal y Ucrania como médico voluntario en unas condiciones, en ocasiones, muy precarias.
Henry Marsh habla con honestidad de los éxitos, pero sobre todo de las deficiencias en la práctica médica que podrían superarse con criterios morales y profesionales altos. Aclara que no hay diagnósticos definitivos y que no siempre son acertados.
Cuestiona el sistema de sanidad público occidental actual que se mueve más por criterios técnicos, políticos y económicos que por el interés y cercanía con el paciente, así como a la sanidad privada cuando se deja guiar principalmente por el dinero. No deja de mostrar su frustración y consternación ante una continua pérdida de autoridad médica en pro del método.
Plantea la dificultad de discernir en algunos casos entre el bien del paciente o alargar simplemente la vida haciendo notar que el sobretratamiento es un problema creciente en la medicina moderna. Aquí entra en juego la rectitud del médico y el deseo de la familia con sus connotaciones culturales a la hora de asumir la enfermedad y la muerte.
Otro tema punzante que trata el doctor Marsh es el del negocio de las indemnizaciones ante los fallos médicos y que ha llevado a algunos bufetes de abogados a lucrarse de manera poco honorable.
Aun pensando que el hombre es un misterio, afirma que el conocimiento de la neurocirugía le impide creer en una vida después de la muerte: Yo no creo en la otra vida, soy neurocirujano, aunque respeta cualquier opinión al respecto.
Finalmente aboga por la eutanasia con restricciones. Infravalora la medicina paliativa, si bien a penas tiene experiencia de una buena práctica de la misma.
El libro está bien escrito, con un lenguaje ágil y sencillo, apto para los legos en la medicina, interesante en su conjunto, respetuoso en las formas, pero sin una visión trascendente de la persona cuando lo único capaz de definirla son unas conexiones neuronales correctas.
Encarnita Herraiz
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